by Profe Nelly Profe Nelly

 

Siendo coherentes y constantes; corrigiendo lo mal hecho y celebrando lo correcto.

Aprendemos cada día a comportarnos correctamente, aunque a veces también aprendemos a actuar de forma incorrecta.

La acción de corregir un comportamiento no adecuado es a lo que comúnmente llamamos disciplina, que casi siempre se refiere a la infracción de una regla o una norma establecida por la sociedad, el hogar o el colegio.

A veces con nuestro actuar como padres o docentes, reforzamos una conducta que quisiéramos erradicar. Por ejemplo, le decimos a nuestro hijo que debe realizar sus deberes antes de ponerse a jugar. El primer día, se le exigimos, pero al segundo día se nos olvida que debemos insistir en que se cumpla esta regla establecida. En esta situación, el aprendizaje del niño será: no tengo que hacerlo, ya que cuando no lo hice no pasó nada. Esto nos enseña que siempre que estemos ante un comportamiento inadecuado, tenemos que tomar una medida correctiva.

Las medidas disciplinarias no pueden ser gritar, golpear, insultar o castigar excesivamente. La corrección debe ser sencilla, firme, coherente y no acompañada de un discurso que el niño no oirá, porque está simplemente concentrado en la prohibición que le han aplicado. La sanción solo debe ir acompañada de la explicación de la regla, la infracción cometida y la medida tomada como consecuencia del acto de indisciplina.

De más está decir, que una técnica correctiva jamás puede estar fundamentada en una venganza o desquite, por parte del adulto ante el comportamiento inadecuado reiterativo del menor. Es importante que el niño sepa que se castiga la acción que hizo y que el afecto hacia él no cambia por lo ocurrido. Hay quienes después de imponer un castigo, siguen recordando el hecho una y otra vez, como si el acto hubiese sido imperdonable y esto tiene un efecto muy devastador en el menor. Hágale saber que si comete una indisciplina habrá consecuencias, pero siempre le amamos.

El éxito en la corrección de malas conductas es ser coherente y constante en el llamado de atención y en la aplicación de las sanciones correspondientes. Esto no quita que a veces sea prudente pasar por alto alguna falta, lo que sí no es conveniente es que siempre sea así.

Por ultimo, corrija lo mal hecho y celebre lo que se hace bien. Incluso después de haber aplicado una sanción, refuerce el buen comportamiento observado en otra situación. El niño debe saber que todo lo que hace no está mal, porque nadie se comporta mal todo el tiempo y si usted esto no lo ve, entonces debe detenerse a pensar en lo que está haciendo, porque puede ser que el que esté equivocado sea usted.