by Profe Nelly Profe Nelly

Acompañar a nuestros hijos en su crecimiento personal no se limita a las notas, las tareas o los logros académicos. Implica, sobre todo, guiarlos en la construcción de su autoestima, ayudarlos a perseverar y enseñarles a enfrentar los pequeños y grandes retos que la vida cotidiana les va presentando.

Enero siempre llega con esa sensación de empezar de nuevo. Es el mes en el que hacemos una pausa casi natural: miramos lo que hemos recorrido, lo que logramos, lo que nos costó, y pensamos en lo que queremos intentar otra vez.

En el Colegio Amador, desde el Programa de Valores y Educación Socioemocional, aprovechamos este momento del año para trabajar con los estudiantes algo esencial: reconocerse valiosos, confiar en sí mismos y entender que crecer es un proceso que lleva tiempo. Durante este mes, el énfasis estuvo puesto en los propósitos personales. No como grandes metas inalcanzables, sino como pequeñas decisiones diarias que nos ayudan a mejorar, aprender y avanzar.

El árbol de los propósitos.

En la clase de Valores se realizó la dinámica “El árbol de los propósitos”. A partir de un cuento sencillo, los estudiantes conocieron la historia de un árbol muy especial, que crecía gracias a las semillas que nacían de cada propósito que los niños se proponían cumplir.

Pero el árbol no crecía solo con semillas. Para fortalecerse necesitaba agua y sol, que representaban cada intento por alcanzar una meta y cada vez que los niños se animaban a pedir ayuda cuando algo les resultaba difícil.

A lo largo del cuento, el árbol atravesaba momentos de sequía, de poca luz y de dificultad. Aun así, volvía a crecer. No porque todo saliera perfecto, sino gracias al entusiasmo, la perseverancia y el cuidado constante de quienes no se rendían.

A partir de esta historia, se abrió un espacio de reflexión con preguntas simples, pero profundas: ¿Qué cosas te ayudan a crecer o a aprender? ¿Quién te acompaña cuando algo te cuesta? ¿Qué puedes hacer cuando algo no te sale bien?

Estas conversaciones ayudan a los niños a comprender que equivocarse, pedir ayuda y volver a intentar no es un fracaso, sino una parte natural del aprendizaje.

Un ejercicio valioso para toda la familia

Conversar en casa con nuestros hijos sobre lo que desean aprender, aquello que quieren mejorar o los aspectos de sí mismos que desean cuidar es un ejercicio profundamente valioso. Fortalece los vínculos, fomenta la comunicación y le da sentido real a los propósitos que se plantean.

Y aunque esta dinámica nace en el aula y está pensada para los más pequeños, también interpela a los adultos. Porque nunca dejamos de aprender, de ajustar el rumbo ni de sembrar nuevos propósitos.

“Cada propósito sembrado hoy es una oportunidad de crecer mañana.”