by Profe Nelly Profe Nelly

Educar no es prohibir herramientas, es enseñar a usarlas bien.

En la década de los años 80, muchos maestros de primaria protestaban por el uso de las calculadoras en las clases. Temían que, si un estudiante empezaba a usarlas desde tan pequeño, nunca aprendería realmente los conceptos matemáticos. Parecía que la tecnología iba a “hacer el trabajo por ellos”.

Sin embargo, el tiempo mostró otra realidad.Las calculadoras y las computadoras entraron a las aulas… y lo que tuvo que cambiar no fueron los estudiantes, sino los métodos de enseñanza. Las clases comenzaron a enfocarse más en el razonamiento, en la comprensión profunda y en la resolución de problemas.

Años después, alrededor del 2012, el MIT lanzó la plataforma Scratch. Programar dejó de ser “algo complicado para adultos” y se convirtió en una herramienta creativa, visual y divertida para niños. Nuevamente aparecieron voces que dudaban:
¿es esto demasiado avanzado?, ¿realmente lo necesitan?

Pero quienes miraban más lejos entendían que estábamos ayudando a los niños a desarrollar habilidades claves: lógica, creatividad, pensamiento secuencial y trabajo en equipo.

Hoy, la historia parece repetirse. Ha llegado la Inteligencia Artificial, y vuelven las preguntas y los temores:
¿Aprenderán menos los estudiantes si la IA puede resolver tantas cosas por ellos?
¿Qué pasará con el esfuerzo, la investigación, la escritura y el cálculo?

Tal vez la respuesta no esté en prohibir, sino en educar mejor.

Así como ocurrió con las calculadoras y con Scratch, la IA no sustituirá la enseñanza, pero sí nos invita a transformar la forma de educar. Las escuelas necesitamos enseñar a nuestros estudiantes a: usar estas herramientas con ética y responsabilidad; verificar información, no aceptarla sin pensar; crear, analizar, interpretar y reflexionar; comprender que la tecnología es un apoyo, no un reemplazo del esfuerzo humano.

La educación, una vez más, tiene el desafío de ponerse a la par del tiempo. No se trata de preguntarnos si la IA debe estar en la escuela, sino cómo acompañar a nuestros niños y jóvenes para que la utilicen bien, para aprender más y pensar mejor.

El futuro ya no “viene en camino”: está tocando la puerta. Y la mejor preparación que podemos dar a nuestros estudiantes es enseñarles a pensar con profundidad, a usar la tecnología con criterio… y a descubrir que, aun con máquinas muy inteligentes, la mente humana sigue siendo insustituible.